Cada comienzo de año, de curso o de etapa vital viene acompañado de una lista silenciosa —o escrita— de intenciones: cuidarme más, comunicarme mejor, cambiar de rumbo profesional, recuperar la ilusión… Sin embargo, muchas de esas metas se quedan por el camino por falta de una estrategia adecuada.

En Neuromotiva lo vemos a diario en consulta y en formación con empresas e instituciones: personas muy válidas que se sienten frustradas porque no consiguen alcanzar sus objetivos sean personales o profesionales, que arrastran la sensación de estar siempre “apagando fuegos” sin avanzar de verdad.

Este artículo no es una oda a la productividad ni a hacer más en menos tiempo. Es una invitación a alcanzar objetivos de forma consciente, alineados con tu propósito vital —tu ikigai, como lo llaman en la cultura japonesa— y sostenidos desde la psicología, la neurociencia y la comunicación efectiva.

Porque alcanzar objetivos no va solo de llegar a una meta, sino de fortalecer la autoconfianza, el sentido de coherencia interna y la calidad de nuestras relaciones personales y profesionales.

La curiosa paradoja es que cuando me acepto tal como soy, entonces puedo cambiar.

¿Por qué nos cuesta tanto alcanzar objetivos?

Desde la psicología sabemos que no fracasan las personas, fracasan los planteamientos. La investigación muestra que gran parte de los objetivos no se alcanzan porque:

  • Son demasiado vagos o abstractos

  • No están alineados con valores personales

  • Se basan en expectativas externas

  • No tienen un plan realista

  • Activan miedo, culpa o autoexigencia excesiva

Según estudios en psicología motivacional, cuando un objetivo no está bien definido, el cerebro lo interpreta como una amenaza difusa, activando respuestas de evitación y procrastinación.

Alcanzar objetivos deja de ser una cuestión de fuerza de voluntad y pasa a ser un proceso psicológico profundo.

Alcanzar objetivos desde la psicología, no desde la presión.

La autoconfianza no se construye con grandes logros puntuales, sino con experiencias repetidas de coherencia entre lo que pienso, siento y hago. Cada vez que una persona se propone algo y no lo cumple, se erosiona esa confianza interna.

Por eso es tan importante aprender a alcanzar objetivos de manera saludable, especialmente en personas con múltiples responsabilidades familiares y profesionales.

Desde la neurociencia sabemos que el cerebro necesita:

  • Claridad
  • Recompensas progresivas
  • Sentido y coherencia interna
  • Seguridad emocional

Y aquí entra en juego la metodología SMART, siempre que se utilice con conciencia y propósito, no como una herramienta rígida de autoexigencia.

Alcanzar objetivos con la metodología SMART

La metodología SMART fue formulada por George T. Doran y sigue siendo una de las más eficaces para alcanzar objetivos de forma realista.

Alcanzar objetivos específicos (S)

Un objetivo específico reduce la incertidumbre. El cerebro necesita saber exactamente qué se espera de él.

No es lo mismo “Quiero mejorar la comunicación en mi equipo” que decir  “Quiero implantar reuniones semanales de 15 minutos con escucha activa en mi equipo durante los próximos tres meses”

Cuanto más concreto es el objetivo, se eliminan más factores de incertidumbre, generando menos ansiedad.

Alcanzar objetivos medibles (M)

Lo que no se mide, se diluye. Medir es poder valorar cómo va la ejecución.

Esto es clave en empresas y organizaciones, , donde alcanzar objetivos medibles permite evaluar impacto real sin caer en el agotamiento, creando también ajustes en tiempo real en base a los datos objetivos.

Cuando se trata de un objetivo más personal, es importante también poder evaluar si hemos logrado cumplir ese propósito. Por ejemplo, no es lo mismo decir «Quiero caminar más por semana» que decir «Quiero caminar al menos tres veces por semana», en el segundo caso tendremos un dato objetivo para valorar si hemos cumplido totalmente o en parte nuestro propósito inicial.

La autoeficacia percibida influye en cómo las personas piensan, sienten y actúan.

Establecer objetivos alcanzables (A)

Un objetivo inalcanzable no motiva: paraliza.

Desde la psicología sabemos que los objetivos desproporcionados activan el miedo al fracaso y la autoexigencia extrema, dos grandes enemigos de la salud mental.

Alcanzar objetivos implica ajustarlos al momento vital real, gustos y capacidades propias, no al ideal.

Si me propongo por ejemplo hacer más ejercicio planteándome salir a correr, cuando en mi interior se que realmente no me gusta correr, que supone un sacrificio y no un disfrute para mi, mi plan estará condenado al fracaso desde el momento inicial.

Alcanzar objetivos relevantes (R)

Aquí es donde muchas personas fallan. Un objetivo solo se sostiene si es relevante para quien lo persigue, no para el entorno.

Cuando la meta nace de la comparación, de la presión social o del deseo de encajar, se vuelve frágil: pierde sentido en cuanto cambia el contexto o disminuye la motivación inicial. En cambio, cuando un objetivo responde a una necesidad interna —a un valor, a una convicción, a una forma de estar en el mundo— adquiere una fuerza distinta. No necesita empujones constantes, porque se alimenta de algo más profundo que la disciplina: se alimenta del sentido.

Esta dimensión conecta directamente con el concepto de «Ikigai». La relevancia personal de un objetivo no es solo una cuestión de preferencia, sino de coherencia vital. Es preguntarse: ¿Esto contribuye a la vida que quiero construir? ¿Me acerca a lo que me hace sentir vivo, útil, en calma? Cuando la respuesta es sí, el esfuerzo deja de sentirse como una carga y se transforma en un camino natural, casi inevitable.

Siguiendo con los ejemplos, si me propongo pasar de leer dos libros al año a cuatro, simplemente por poder decir que lo hacemos, lo que habitualmente conocemos por «postureo», no lograremos nuestro objetivo. Sin embargo si lo planteamos de forma coherente «quiero mejorar mi hábito de lectura para incorporar nuevos conocimientos y disfrutar de espacios de evasión que me enriquezcan en el día a día», partiremos de un objetivo con relevancia real para nosotros mismos.

Alcanzar objetivos temporalizados (T)

El tiempo da estructura y seguridad. Sin plazos, los objetivos se convierten en deseos.

Delimitar el tiempo que dedicaremos a ese objetivo nos facilita encajarlo de forma realista en nuestras rutinas y horarios sin perdernos en la ambigüedad. Nos ayuda a distribuir la energía y establecer un ritmo sostenible para nosotros.

Pero ojo: temporalizar no es presionar, es ordenar. No se trata de imponerse horarios imposibles, ni de vivir en una carrera constante, sino de crear un calendario que acompañe, no que agobie. Una buena temporalización es aquella que respeta tus circunstancias, tu salud y tu capacidad real de compromiso. Es un acuerdo contigo misma, no una sentencia.

Si en el ejemplo que poníamos al principio de caminar tres veces por semana, además lo concretamos más diciendo «Voy a caminar los lunes, miércoles y viernes durante 45 minutos de 19.00 a 19.45», estaremos ya estableciendo un tiempo reservado para esa actividad y delimitando además el espacio horario que le vamos a dedicar, lo que rebajará la presión interior y nos ayudará a integrarlo con el resto de nuestras actividades.

 

La clave no es priorizar lo que está en tu agenda, sino agendar tus prioridades.

Alinear los objetivos con nuestro "Ikigai"

El ikigai es un concepto japonés que puede traducirse como “razón de ser” o “aquello que hace que la vida merezca la pena”. Desde la psicología, establecer nuestro ikigai, alineando nuestras palabras, pensamientos y acciones con él se relaciona con:

  • Mayor bienestar emocional
  • Menor riesgo de depresión
  • Mayor resiliencia
  • Mejor salud física

Alcanzar objetivos solo tiene sentido si esos objetivos están alineados con tu ikigai. De lo contrario, incluso alcanzándolos, aparece el vacío.

La importancia del camino hacia tu objetivo

Uno de los grandes errores culturales es pensar que solo cuenta el resultado. El verdadero crecimiento ocurre durante el proceso. Cada obstáculo te ofrece conocimiento sobre:

  • Tus límites
  • Tus recursos
  • Tus necesidades reales

Alcanzar objetivos no siempre significa llegar exactamente donde imaginabas, sino llegar con más conciencia, madurez y autoconfianza, el proceso de elaborar tu objetivo y poner toda una estrategia en marcha para lograrlo, provoca un cambio interior:

  • Cambia tu mente, que se vuelve más clara y flexible.
  • Cambia tu energía, que se renueva y se expande.
  • Cambia tu forma de estar en el mundo, más presente y consciente.

Lo que una persona puede ser, debe ser.

Neuromotiva te ayuda a lograr tu objetivos

En Neuromotiva entendemos que alcanzar objetivos no es un proceso únicamente racional. Hay bloqueos inconscientes, miedos, lealtades familiares y creencias profundas que necesitan ser abordadas.

Mar Sánchez, psicóloga de Neuromotiva, experta en comunicación y gestión emocional, lleva más de diez años acompañando tanto a personas como a empresas e instituciones a alcanzar objetivos alineados con el bienestar psicológico y el propósito vital.

Hemos elaborado nuestro propio Taller de desarrollo personal para ayudar a las personas a alcanzar sus objetivos en este nuevo año.

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