Hay una versión de ti que entró en esta etapa sin manual de instrucciones. Y otra que lleva meses preguntándose si lo que siente es normal o si debería preocuparse. Este artículo es para las dos.
Son las diez de la mañana. Llevas tres horas trabajando, has gestionado dos correos complicados, has recordado la cita del dentista de tu hija, aunque has respondido agitada a un compañero a algo que, hace unos meses, te habría resbalado sin problema. Pero hoy no puedes. Hoy sientes que el hilo se rompe antes de que llegues al nudo.
Luego por la tarde entras a la farmacia. Y no recuerdas qué tenías que comprar.
Y en ese momento aparece la pregunta que lleva semanas rondándote: ¿Me está pasando algo?
La respuesta corta es sí. Pero no en el sentido que temes.
Lo que está ocurriendo tiene nombre, tiene base científica y, sobre todo, tiene solución. Lo que está ocurriendo es que tu cerebro está atravesando uno de los procesos de reorganización más intensos de tu vida adulta. Y nadie te lo había explicado del todo.
Qué le ocurre realmente a tu cerebro durante la perimenopausia y la menopausia
Aquí hay algo importante que aclarar desde el principio, porque muchas mujeres no saben que ya están en este proceso cuando empiezan a sentir los primeros cambios.
La perimenopausia es la fase previa a la menopausia. Puede durar entre cuatro y diez años, y durante ese tiempo los niveles hormonales no bajan de forma lineal y ordenada: fluctúan. Suben, bajan, vuelven a subir. Y ese movimiento errático es precisamente lo que genera tanta confusión a nivel emocional y cognitivo. Muchas mujeres que consultan por ansiedad, irritabilidad inexplicable o dificultades de concentración están en plena perimenopausia sin saberlo, porque sus analíticas aún no muestran los valores típicos de la menopausia establecida.
La menopausia como tal se define cuando llevas doce meses sin menstruación. A partir de ahí, los niveles de estrógeno se estabilizan en valores más bajos. Pero el camino hasta llegar ahí puede ser bastante intenso.
El estrógeno no es solo una hormona reproductiva
Este es el malentendido más común, y merece que nos detengamos aquí.
El estrógeno actúa en el cerebro como un verdadero neuromodulador. Tiene receptores en el hipocampo —la estructura relacionada con la memoria y el aprendizaje—, en la amígdala —la que procesa las emociones y el peligro— y en la corteza prefrontal —la que nos permite razonar, tomar decisiones y regular los impulsos—. Cuando los niveles de estrógeno fluctúan o disminuyen, estas estructuras lo notan.
Además, el estrógeno participa en la regulación de la serotonina, la dopamina y la noradrenalina: los tres neurotransmisores más directamente relacionados con el estado de ánimo, la motivación y la respuesta al estrés. Esto explica por qué muchas mujeres que nunca habían tenido episodios de ansiedad ni de bajones emocionales empiezan a experimentarlos en esta etapa, sin que haya ningún acontecimiento externo que lo justifique.
No es que te estés volviendo más frágil. Es que tu química cerebral está cambiando.
La niebla mental: cuando el cerebro parece ir a medio gas
El brain fog —o niebla mental— es uno de los síntomas más frecuentes y, paradójicamente, uno de los que más tarda en reconocerse como parte de esta transición. Se manifiesta como dificultad para encontrar palabras en mitad de una frase, sensación de lentitud cognitiva, problemas para concentrarse en una tarea o esa sensación de que la mente va unos segundos por detrás de donde debería.
Un estudio publicado en la revista Menopause por la investigadora Pauline Maki y su equipo (2016) demostró que las mujeres en perimenopausia y menopausia temprana muestran cambios objetivos en el rendimiento cognitivo, especialmente en la memoria verbal y en las tareas que requieren atención sostenida. Pero —y esto es importante— el mismo estudio señala que estos cambios son transitorios en la mayoría de los casos y mejoran a medida que el cerebro se adapta al nuevo entorno hormonal.
Es decir: la niebla mental de la menopausia no es una señal de deterioro permanente. Es el cerebro adaptándose.
El sistema nervioso en alerta: por qué te sientes al límite sin razón aparente
La caída del estrógeno también afecta al eje HPA, el sistema que regula la respuesta al estrés. Cuando este eje está activado de forma crónica —como ocurre durante las fluctuaciones hormonales de la perimenopausia— el cuerpo produce más cortisol del necesario. El resultado: una sensación constante de estar en guardia, dificultades para dormir, umbral de tolerancia más bajo y una reactividad emocional que muchas mujeres describen como “no reconocerme”.
El neurocientífico Bruce McEwen (2002), cuya investigación sobre el estrés crónico y el hipocampo es referencia, demostró que los picos sostenidos de cortisol interfieren directamente con la consolidación de recuerdos y con la capacidad de regulación emocional. No porque el cerebro falle, sino porque está usando sus recursos en gestionar una señal de alarma que el propio cuerpo está generando.
Dicho de otra forma: tu sistema nervioso no está reaccionando de forma desproporcionada. Está respondiendo exactamente a lo que recibe. El problema es que lo que recibe, en este momento, es una señal de incertidumbre constante.
Conocerse a sí mismo es el principio de toda sabiduría.
Aristóteles
Efectos emocionales de la menopausia: los difíciles y los que nadie nombra
Hablar de los síntomas emocionales de la menopausia sigue siendo incómodo. En parte porque durante mucho tiempo se han minimizado o atribuido a “cosas de la edad”, y en parte porque cuando estás dentro de ellos cuesta encontrar las palabras. Lo que sigue no es una lista de quejas: es un reconocimiento de algo real que muchas mujeres viven en silencio. Y junto a lo difícil, hay también algo que merece ser nombrado con la misma honestidad.
Lo que puede volverse más complicado
Hay síntomas que las mujeres describen una y otra vez en consulta, y que merecen ser nombrados sin rodeos:
- Irritabilidad y cambios de humor. Pueden aparecer sin detonante claro, durar poco, y dejar una sensación de culpa posterior. No estás siendo injusta. Estás gestionando un sistema nervioso que está trabajando el doble.
- Ansiedad y sensación de amenaza difusa. Esa sensación de que algo malo puede pasar, sin saber exactamente qué. En muchos casos, hay una base neurobiológica directa: la amígdala, con menos regulación estrogénica, tiende a dispararse con más facilidad.
- Tristeza sin causa aparente. La investigadora Susan Davis (2012) ha documentado que la prevalencia de síntomas depresivos se duplica durante la transición menopáusica respecto a otras etapas de la vida adulta. Esto no significa que la menopausia cause depresión en todos los casos, sino que el terreno es más vulnerable y merece atención.
- Dificultad para reconocerse. Quizás es el síntoma más silencioso y el más doloroso. Esa sensación de estar detrás de un cristal, de no conectar con lo que antes te movía, de sentir que eres tú pero que algo ha cambiado en los cimientos.
- Cambios en la libido y en la imagen corporal. Que tienen un impacto directo en la autoestima y en la relación de pareja, y que rara vez se mencionan en las revisiones médicas.
Lo que puede sorprenderte
Muchas mujeres describen, pasada la fase más intensa de la transición, una claridad que antes no tenían. Una menor tolerancia a lo que no les hace bien, una mayor facilidad para decir que no, una conexión más directa con sus propias necesidades. Como si el proceso de recalibración hormonal también recalibrara prioridades.
La investigadora Christiane Northrup (2012) habla de la menopausia como un “segundo despertar“: el momento en que muchas mujeres dejan de vivir para cumplir expectativas ajenas y empiezan a vivir desde un lugar más auténtico. No porque la biología lo imponga, sino porque el proceso invita a hacer un balance que antes se postergaba.
En Neuromotiva utilizamos a veces la metáfora del kintsugi: el arte japonés de reparar la cerámica rota con oro. Las grietas no se esconden. Se convierten en parte de la historia, en lo que hace que la pieza sea única. Esta etapa puede ser eso: no una versión deteriorada de lo que fuiste, sino una versión más compleja y más honesta de lo que eres.
No podemos vivir la tarde de la vida con el programa de la mañana.
Carl Jung
Qué puedes hacer: estrategias para atravesar esta etapa con más recursos
No hay una fórmula única, y este artículo no pretende dártela. Lo que sí existen son herramientas concretas que ayudan a que esta etapa se sienta menos pesada: algunas actúan sobre el cuerpo, otras sobre la mente, y otras sobre cómo te relacionas con quienes tienes cerca. No hace falta aplicarlas todas a la vez. Empieza por la que más resuene.
1. Regulación del sistema nervioso: empezar por el cuerpo
Cuando el cerebro está en modo alerta, hablarle solo desde la razón no suele funcionar. Antes de intentar “convencerte” de que estás bien, necesitas darle al cuerpo una señal de seguridad.
- El EFT-Tapping (Técnica de Liberación Emocional) es una de las herramientas que trabajamos en Neuromotiva precisamente para esto. Consiste en una secuencia de tapping —pequeños golpecitos— sobre puntos de acupresión, combinada con afirmaciones verbales. Su mecanismo de acción está relacionado con la reducción de la activación de la amígdala, lo que permite salir del estado de alerta sin necesidad de que la situación externa cambie. Un estudio de Clond (2016) publicado en el Journal of Nervous and Mental Disease encontró que el EFT reduce significativamente los niveles de cortisol y los síntomas de ansiedad.
- La respiración diafragmática lenta —cuatro segundos de inspiración, seis de espiración— activa el nervio vago y envía una señal directa al sistema nervioso parasimpático: puedes relajarte. Es simple, es gratuita y funciona. El problema es que en los momentos en que más la necesitamos, es lo primero que olvidamos hacer.
2. Comunicación emocional: cómo explicar lo que sientes cuando no encuentras las palabras
Uno de los efectos secundarios más complejos de esta etapa es el impacto en las relaciones cercanas. Con la pareja, con los hijos, con el entorno laboral. No siempre porque los demás no quieran entender, sino porque tú misma tienes dificultades para explicar algo que no terminas de entender.
Desde la PNL (Programación Neurolingüística) trabajamos algo que llamamos calibración emocional: aprender a identificar y nombrar lo que sientes antes de comunicarlo. No para controlarlo, sino para no descargar en el otro una emoción sin contexto que el otro no sabe cómo recibir.
John Gottman, uno de los investigadores más reconocidos en el campo de las relaciones de pareja, lleva décadas documentando que la capacidad de nombrar estados emocionales propios —lo que él llama emotional labeling (etiquetado emocional)— reduce la intensidad de la reacción y mejora la calidad de la comunicación. En esta etapa, esa habilidad puede marcar una diferencia importante.
3. Lo que el cerebro necesita cada día
Sin convertir esto en una lista de obligaciones, hay hábitos que el cerebro de esta etapa agradece especialmente:
- El sueño no es negociable. Durante el sueño profundo, el cerebro elimina desechos metabólicos mediante el sistema glinfático. La investigadora Maiken Nedergaard (2013) demostró que la mayor parte de esta limpieza ocurre en las fases de sueño profundo, que son precisamente las más afectadas por los sofocos nocturnos y la activación del eje de estrés. Proteger el sueño en esta etapa no es un lujo: es mantenimiento neurológico.
- El movimiento físico regular —no necesariamente intenso— aumenta los niveles de BDNF (factor neurotrófico derivado del cerebro), una proteína que favorece la neuroplasticidad y que estimula el crecimiento de nuevas conexiones neuronales.
- La exposición a la luz natural por la mañana regula el ritmo circadiano y la producción de melatonina. Veinte minutos fuera, sin gafas de sol, pueden mejorar el sueño nocturno de esa misma noche.
- Y la alimentación rica en triptófano —precursor de la serotonina— ayuda a estabilizar el estado de ánimo. Nueces, legumbres, huevos, semillas de calabaza, chocolate negro con alta concentración de cacao.
Cuándo el apoyo psicológico hace una diferencia real
Hay síntomas que, solos, se pueden gestionar con herramientas. Y hay momentos en que los síntomas se apilan, se cronifican o empiezan a afectar de forma significativa a la calidad de vida, a las relaciones o al trabajo.
Si te identificas con alguna de estas situaciones, vale la pena contar con acompañamiento profesional:
- La ansiedad aparece casi a diario y no encuentras la forma de regularla sola.
- Los cambios de humor están afectando tus relaciones más cercanas de forma recurrente.
- Sientes una tristeza persistente que no mejora con el tiempo.
- Has dejado de hacer cosas que antes disfrutabas sin saber muy bien por qué.
- La sensación de “no reconocerte” empieza a generar un malestar que ya no puedes ignorar.
Ninguno de estos síntomas significa que estés rota. Significa que necesitas más recursos de los que tienes ahora mismo, y que pedir ayuda es exactamente lo contrario de rendirse.
Cada vez que una mujer se levanta por sí misma, sin saberlo quizás, sin reclamarlo, se levanta por todas las mujeres.
Maya Angelou
El neuroacompañamiento en este proceso
Si lo que has leído aquí te ha resultado familiar y sientes que ya no puedes gestionarlo sola, Mar Sánchez, psicóloga de Neuromotiva, puede acompañarte.
Desde un enfoque integrador que combina psicología, PNL, EFT-Tapping e Hipnosis Ericksoniana te guiaremos para atravesar esta etapa con más recursos emocionales, más comprensión de lo que te está pasando y más herramientas para gestionar lo que viene.
Puedes solicitar tu cita de forma presencial en A Coruña y también online, desde donde estés. Da el primer paso cuando estés lista. Sin presión. A tu ritmo.
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Si quieres conocer en detalle cómo el EFT-Tapping, la hipnosis ericksoniana y la PNL se aplican específicamente en la menopausia, con un caso práctico real, puedes leerlo aquí: Menopausia: impacto psicológico y herramientas terapéuticas.

